Si los sueños nos definen, tengo miedo

soñar dreaming

Si me despierto justo en el momento que estoy soñando, recuerdo todo durante unos 7 minutos, si puedo contarle a alguien lo que soñé, lo recuerdo para siempre. Hace unos días pude contarle a Hecter el sueño que había tenido, era tan surrealista y real que le desperté entre risas. Juro que todo lo que cuento sucedió en mi cabeza sin echarle droja al colacao.

¿Me voy a Holanda o no? me preguntaba yo en un aeropuerto a pocos minutos de embarcar. Es que el billete cuesta 110 euros y si me lo pagara la empresa todavía, pero es que no.. Y encima a mis amigos les había costado sólo 57. Puta rabia no haberme enterado antes del viaje. Ppfff, van a cerrar, todos me animan a comprarlo: <<Cómpralo Aninde, que vamos todos>>. Me quedo sola en la ventanilla y al final, bah, lo compro, que no se diga que me pierdo este sarao.

Salgo corriendo a la pista, el avión gigante espera por mí, meto la mochila abajo subo al avión. Mierda, todo petado. Veo a lo lejos a mi familia, están todos, pero me dicen que no hay sitio y que me quede por la parte de delante yo sola. Y hala, me toca sentarme en primera fila cual vieja que se marea. El conductor del avión, un hombre de bigote poblado empieza a poner el aparato en marcha. Un cristal enorme frente a mí, un cuadro de mandos super currado, bueno, por lo menos tengo vistas. Miro a la derecha y una amiga de mi madre con su hija:

– Menudo bien nos lo vamos a pasar.
-Ya te digo, ¿Y la niña de María no viene?  – respondo yo interesándome por la nieta de la señora. No soñé una respuesta a esto.

Total, que el avión empieza a subir, primero despacio y después, totalmente perpendicular al suelo, muy loker la sensación. Se estabiliza pero va por debajo de las nubes… Mmmm esto es raro. Veo las murallas de Ávila y el avión comienza a bajar otra vez.

– ¿Ya hemos llegado a Holanda?
-No, es que este avión para por los pueblos – Ahh… Gracias señora

Nunca llegamos a Holanda, aparecí en Madrid en un bar metiendo prisa a los primos de Héctor para llegar a tiempo a misa a ver a Paula, que ayudaba al cura. Paula, la hermana de Héctor, la misma que no pisa una iglesia desde su comunión. Llegamos a una iglesia gigante y como si de una obra de teatro se tratara, vimos a Paula hacer cosas de esas de las viejas que ayudan en la parroquia. Y sin querer aparecimos otra vez en el bar.

– ¿Pero desde cuándo vas a misa tú?
– Pues desde el otro día que empezaron a ir estos, estaba deseando acabar de exámenes para poder ayudar al cura.

Fuimos a pagar Hecter y yo y robamos patatas revueltas petadas de chicharros de una ensaladera en la barra. OJO QUE AQUÍ VIENE ALGO RARO.

Salimos a comernos las patatas a la calle, con muchísima hambre, estábamos comiéndonoslas en unas escaleras anchas empedradas, cuando tanto Hecter como yo nos comimos un cacho de dedo, mucha sangre, no dolía, pero fue tan asqueroso que los dos vomitamos muchísimo.

Y como si la cosa fuera normal le dije a mi señor esposo: “Héctor, el día que se ponga de moda en Malasaña comerse un cacho de dedo, habremos sido los primeros!!!”

Y me desperté, sabiendo que nunca más sería una tía mainstream.

“I dreamed a dream” que decía la obra de Víctor Hugo.

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