Tu New York. Mi New York y un puerto sin mar.

I want to wake up, in a city that never sleeps

Recuerdo que tenía los pies destrozados de bailar y no podía más. Me veo a mi misma cambiando mis tacones por manoletinas. Yo descansé con mi zapato plano, ellos, de color rosa brillante y con 10 cm que daban miedo, dormitaron en la barra del bar que cerrábamos esa noche.

new york

El sueño se hacía cada vez más fuerte y decidimos irnos una y otra vez sin que ninguna de esas decisiones implicara un movimiento real. El momento etílico que vivíamos junto con la pereza hizo que el tiempo pasara hasta aquel momento, hasta que aquel puerto cerró, de la misma manera que ha cerrado cada noche, con Frank Sinatra cantando a los presentes, a los únicos valientes que se lo merecen.

Y en ese momento, mis tacones volvieron a ese lugar del que nunca debieron haberse marchado, una mano en mi cintura que me apretó  fuerte y esa voz con un acentillo que cada vez estoy menos acostumbrada a escuchar, me cantaba al oído “New York, New York“. Besos, risas y vueltas que provocaban un cúmulo de sensaciones que me vienen a la mente al volver a escuchar la canción.

Y bailamos, y dimos más vueltas por aquel puerto que se hizo nuestro durante un espacio de tiempo que siempre recordaré.

¿Cómo termina esta historia? Por supuesto con un movimiento digno de película de Hollywood. La canción terminaba justo en el mismo instante en el que yo, sujeta únicamente por su manos en mi cintura y como único punto de apoyo, un tacón de 10 cm, dejo caer mi cuerpo hacia atrás. Acto seguido, él, todo un caballero, me levantó con elegancia y me besó como broche final.

Después de este momento, nos reímos, él me devuelve mi cazadora de rockera y mi bolso con tachuelas, caigo de nuevo en que tengo los pies destrozados y volvemos a casa con un pedazo de cierre en una noche que tenía toda la pinta de acabar normal.

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